Calabazas para colorear
Una calabaza es de las pocas cosas que un niño de tres años y uno de diez pintan con las mismas ganas. Cada lámina trae una distinta: faroles tallados con seis caras diferentes, un campo detrás del granero, una carretilla, un mandala y unas cuantas que vienen con animal incluido.
Edad 3-10 34 hojas
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Octubre es el único mes del año en que un niño pinta la misma hortaliza veinte veces sin cansarse, y la mayoría de las calabazas para colorear que hay por ahí desaprovechan eso. Te dan un farol tallado, escaneado de un escaneo, con las líneas rotas y una cara tan pequeña que el color se sale por el borde a la primera. La imprimes dos veces y la segunda copia ya aburre.
Por eso estas 34 hojas están pensadas como un conjunto y no como un farol repetido en cuatro tamaños. Hay caras talladas para la última semana de octubre y calabazas lisas sin tallar que sirven desde septiembre hasta bien entrada la cosecha, un campo con granero al fondo para el niño que quiere una escena entera y un mandala para el que quiere estarse quieto una hora. Se agrupan en seis bloques, y los bloques existen porque un niño pequeño con un crayón gordo y uno de nueve años con rotuladores finos necesitan papeles completamente distintos.
Caras talladas, de las simpáticas a las que dan miedo
Primero la de siempre, dos ojos de triángulo y una sonrisa de dientes cuadrados. Después un farol redondo y contento con las cejas levantadas, uno terrorífico de ojos rasgados y boca de sierra, uno haciendo el tonto con un guiño y la lengua fuera, otro tallado con cara de gato, con orejas y bigotes, y tres alineados sobre el travesaño de una valla bajo la luna.
En el campo de calabazas
La lámina del campo es la más grande: un campo de calabazas tumbadas entre hojas de mata con un granero y una valla al fondo. A su lado hay una carretilla de madera cargada hasta arriba, tres escalones de porche con una calabaza en cada uno, un espantapájaros de paja con las cañas de maíz a la espalda, un carro de granja lleno de calabazas y pacas de heno, y una sola calabaza aún unida a su mata con los zarcillos rizándose en el aire.
La misma calabaza dibujada de seis maneras
Un contorno liso sin nada dentro. Una calabaza kawaii con mofletes sonrojados y bracitos cortos. Un mandala de calabaza simétrico. Un zentangle en el que cada gajo lleva un patrón fino distinto. Una calabaza realista con el rabo leñoso acanalado y una hoja con nervios marcados. Y una calabaza de garabatos con los gajos llenos de lunares, rayas, zigzags, estrellas, corazones y cuadros.
Calabazas y los animales que se sientan al lado
Para el niño que prefiere pintar bichos antes que hortalizas. Un gato peludo con la cola enroscada sobre las patas, un búho redondo agarrado al rabo, una ardilla con una bellota entre las manos, un erizo abriéndose paso entre un montón de hojas, dos calabazas delante de tres girasoles altos y una metida en un montón de hojas caídas.
Líneas gruesas y líneas finas
Los dos extremos de la colección. Tres hojas para los más pequeños están dibujadas con contorno muy grueso y sin un solo hueco estrecho: una calabaza gigante que llena la página, tres lisas en fila y una cara sonriente enorme sin nada más en el papel. En el otro extremo, una calabaza convertida en casita con ventanas de contraventana y camino de piedra, y una carroza de calabaza de cuento con ruedas de radios y volutas por los costados.
Más de una calabaza en la misma hoja
A veces lo interesante es cuántas hay. Hay una corona de calabazas, hojas y bellotas con el centro vacío, una lámina cubierta de calabazas pequeñas sin que haya dos con la misma forma, una torre tambaleante de cinco apiladas de mayor a menor, una guirnalda colgada de lado a lado y una fila de cuatro faroles en la noche de Halloween con murciélagos cruzando la luna llena.
Sirven igual para Halloween que para las mesas del Día de Muertos o para una tarde cualquiera de otoño: las calabazas sin tallar no llevan ninguna fecha encima.
¿Para qué edad son estas calabazas para colorear?
La colección va de los tres a los diez años. Las tres hojas para los más pequeños llevan una línea muy gruesa y ningún hueco estrecho, que es lo que un niño de tres años puede rellenar sin salirse. Los faroles tallados y las escenas del campo van bien de cinco a ocho, y el mandala, el zentangle y la casita de calabaza entretienen a un niño mayor toda una tarde.
Cómo funciona
- Elige una colección y busca la hoja que quieras
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